Cardenio entre Cervantes y Shakespeare, por Roger Chartier (editorial Gedisa)

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La editorial Gedisa ha publicado la traducción del libro de Roger Chartier, Cardenio entre Cervantes y Shakespeare. Historia de una obra perdida, al que el historiador francés ha dedicado los últimos años de sus investigaciones.

Un libro, como todos los de Chartier, lleno de valioses aportes y que se enfrenta a uno de los grandes misterios de la bibliografía cervantina.

¿Cómo leer un texto que no exis­te, re­pre­sen­tar una obra cuyo ma­nus­cri­to se per­dió y de la que no se sabe con cer­te­za quién fue su autor?

Este es el enig­ma que plan­tea Car­de­nio –una obra re­pre­sen­ta­da en In­gla­te­rra por pri­me­ra vez en 1612 o 1613 y atri­bui­da, cua­ren­ta años más tarde, a Sha­kes­pea­re (y Flet­cher)-. Tiene como trama una “no­ve­la” in­ser­ta en Don Qui­jo­te, obra que cir­cu­ló en los gran­des paí­ses eu­ro­peos, donde fue tra­du­ci­da y adap­ta­da para el tea­tro; en In­gla­te­rra, la no­ve­la de Cer­van­tes era co­no­ci­da y ci­ta­da aun antes de ser tra­du­ci­da en 1612 y de ins­pi­rar Car­de­nio.

Pero este enig­ma tiene otros desa­fíos. Era un tiem­po en el que, prin­ci­pal­men­te gra­cias a la in­ven­ción de la im­pren­ta, los dis­cur­sos pro­li­fe­ra­ban; el temor de su ex­ce­so a me­nu­do con­du­cía a en­ra­re­cer­los. No todos los es­cri­tos te­nían la vo­ca­ción de sub­sis­tir y, en par­ti­cu­lar, las obras de tea­tro que, muy a me­nu­do, no eran im­pre­sas (el gé­ne­ro, si­tua­do en lo más bajo de la je­rar­quía li­te­ra­ria, se adap­ta­ba muy bien a la exis­ten­cia efí­me­ra de las obras). Sin em­bar­go, cuan­do un autor se había vuel­to fa­mo­so, la bús­que­da del ar­chi­vo ins­pi­ra­ba la in­ven­ción de re­li­quias tex­tua­les, la res­tau­ra­ción de res­tos es­tro­pea­dos por el tiem­po, la co­rrec­ción, ade­más, de fal­tas y, a veces, la fa­bri­ca­ción de fal­si­fi­ca­cio­nes. Fue lo que su­ce­dió con Car­de­nio en el siglo XVIII.

Vol­ver a de­li­near la his­to­ria de esta obra con­du­ce, en­ton­ces, a in­te­rro­gar­se sobre lo que fue, en el pa­sa­do, el es­ta­tu­to de las obras hoy juz­ga­das ca­nó­ni­cas. El lec­tor re­des­cu­bri­rá aquí la ma­lea­bi­li­dad de los tex­tos, trans­for­ma­dos por su tra­duc­cio­nes y sus adap­ta­cio­nes; sus mi­gra­cio­nes de un gé­ne­ro al otro; las sig­ni­fi­ca­cio­nes su­ce­si­vas que cons­tru­ye­ron sus di­fe­ren­tes pú­bli­cos. Para mu­chos de sus lec­to­res, Don Qui­jo­te fue, du­ran­te mucho tiem­po, un re­per­to­rio de “no­ve­las”, bue­nas para pu­bli­car por se­pa­ra­do o para lle­var a la es­ce­na, a costa de la cohe­ren­cia de las aven­tu­ras del héroe epó­ni­mo, y Sha­kes­pea­re, un dra­ma­tur­go que, de acuer­do con el mo­de­lo de mu­chos de sus co­le­gas, es­cri­bía en co­la­bo­ra­ción, re­ci­cla­ba his­to­rias de otros es­cri­to­res, al­gu­nas de cuyas obras no en­con­tra­ron edi­tor. Así, gra­cias a Roger Char­tier, se ex­pli­ca el mis­te­rio de una obra sin texto pero no sin autor.

Roger Char­tier es di­rec­tor de es­tu­dios de la École des Hau­tes Étu­des en Scien­ces So­cia­les (EHESS) y uno de los más dis­tin­gui­dos his­to­ria­do­res de la cul­tu­ral del libro y de la lec­tu­ra.

También disponible en ebook: http://www.gedisa.com/indexold.htm

Más información

http://cultura.elpais.com/cultura/2012/10/15/actualidad/1350324195_608259.html

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