In memoriam

  • Mariarosa Scaramuzza Vidoni († 22 de abril de 2014)
  • Martín de Riquer († 17 de septiembre de 2013)
  • Francisco Márquez Villanueva († 15 junio de 2013)
  • Isaías Lerner († 8 de enero de 2013)
  • Arne Warren († 16 de diciembre de 2011)
  • Jaime Moll († 20 de octubre de 2011)
  • Helena Percas Ponseti († 1 de enero de 2011)
  • Anthony Close († 17 de septiembre de 2010)
  • Juan Bautista Avalle-Arce, 1923-2009

 

Mariarosa Scaramuzza Vidoni († 22 de abril de 2014)

scaramuzzaEl 22 de abril de este año falleció en Milán Mariarosa Scaramuzza Vidoni.

Catedrática de Literatura española en la Universidad de Milán, Mariarosa ejerció su docencia durante muchos años dedicando atención creciente no solo a la literatura, sino también a la didáctica de la lengua en relación con la lingüística aplicada y las innovaciones metodológicas (Talleres didácticos, CUEM, 1998; Enseñanza del léxico,CUEM, 2000; “Tecnologie e consapevolezza nella didattica dello spagnolo come lingua straniera”, 2012). En reconocimiento de este peculiar interés de la estudiosa y de su proyección hacia las modernas tecnologías, en 2012, un grupo de discípulos le dedicó el volumen Enlaces. Studi dedicati a Mariarosa Scaramuzza (a cura di E. Landone, LED Edizioni Universitarie).

Entre sus primeras investigaciones sobre textos del Siglo de Oro destacan los estudios Relazioni letterarie italo-ispaniche: il «Belisario» di A. Mira de Amescua (Bulzoni, 1989) y Retorica e narrazione nella ‘Historia imperial’ di Pero Mexía (Bulzoni, 1989). Con Rileggere Cervantes. Antologia della critica recente (LED, 1994) Mariarosa Scaramuzzo encaminó sus estudios hacia temas cervantinos, revelando una gran capacidad de captar las novedades que se habían asomado al orizonte crítico internacional. En sus trabajos dedicados al Quijote y al Persiles (Deseo, imaginación, utopía en Cervantes, Bulzoni, 1998) trató de modo específico los temas del viaje, de lo ‘maravilloso’ y de la ‘utopía’, ya presentes en otras investigaciones precedentes, utilizando múltiples recursos hermenéuticos, sin alejarse nunca del propio texto de las novelas.

En aquellos años, además de contribuir con numerosas aportaciones al incremento del cervantismo italiano, actuó como puntual corresponsal desde Italia para la información de los Anuarios bibliográficos cervantinos. Prosiguiendo en su investigación, en la primera década del 2000 hay que recordar I fantasmi di Cervantes (Mimesis, 2002), y el ensayo “Los fantasmas del ‘Quijote’ (Michel Foucault, Marthe Robert, René Girard, Louis Combet)” (Cervantès et la France. Mélanges de la Casa de Velázquez, Madrid, Casa de Velázquez, 2007, pp.123-140). Participó en las celebraciones del cuarto centenario de la publicación del Quijote de 1605 coordinando el volumen Luoghi per il Don Chisciotte (Università degli Studi di Milano, Quaderni Acme, 2006). El libro reúne ensayos sobre las solicitaciones que la recepción de la obra cervantina sigue suscitando en la práctica critica y en la actividad creadora en distintos lugares del universo.

Mariarosa intervino activamente en muchos coloquios y congresos de nivel internacional, organizados tanto en Italia como en España, como lo atestiguan los trabajos publicados en las Actas correspondientes. En los últimos años de su vida, ampliando los parámetros de la recepción del Quijote, dirigió su atención hacia la elaboració/manipulación sufrida por el texto original de la novela en su destinación a la juventud italiana a comienzos el siglo XX (2009).

Paralelamente al estudio de los temas ya mencionados, con su delicada sensibilidad Mariarosa se sumergió en la lectura de la obra poética de Clara Janés, repetidas veces por ella comentada con finura y competencia (Rosa Rubea. Poemas de Clara Janés, Selección e introducción de Mariarosa Scaramuzza Vidoni, Bulzoni, 1995).

Solo dos palabras respecto a la persona. Amable, cortés, generosa y especialmente leal en las relaciones humanas y académicas, por su imprevista deaparición deja un gran vacío en su familia, en sus amistades y en sus discípulos.

La comunidad científica queda privada para siempre de las aportaciones con que aún hubiera podido enriquecerla.

Maria Caterina Ruta

Martín de Riquer († 17 de septiembre de 2013)

FOTO DE ARCHIVO. FILOLOGO Y ACADEMICO DE LA LENGUA. PUBLICA ESTUDIO SOBRE "LA CHANSON DE ROLAND"El aula abarrotada, como siempre que Martín de Riquer comenzaba sus clases en la Universidad Central de Barcelona. O en tantas Universidades en las que impartió su docencia a lo largo de los años. No importa el tema. Martín de Riquer era siempre un maestro. Es un maestro. El maestro que glosaba a los trovadores provenzales, que se adentraba en los misterios del Tirant lo Blanc, o que perseguía las huellas de Ginés de Pasamonte para demostrar que había escondido su identidad bajo el pseudónimo de Avellaneda, el autor del Quijote apócrifo. Y lo mismo podía impartir clases sobre la importancia del papel en la difusión de la literatura y de los textos a partir del siglo XII o bucear por los cientos de pergaminos y documentación de su propia familia, que se remontaba a su querido siglo XII. Hoy la clase es sobre el Quijote. La primera clase. Y con su voz imponente, esa voz llena de sabiduría, de conocimientos, de sentirse parte de una cadena del saber, preguntaba como quien lanza un desafío a los ojos ansiosos de los alumnos: “¿Hay alguien en el aula que no haya leído el Quijote?”. Miedo y desconcierto. ¿Cómo confesar esa carencia a quien ha vuelto moderno el texto cervantino, que se ha convertido en uno de los grandes maestros de las aventuras del hidalgo manchego? Y, poco a poco, algunos brazos se alzan. Tímidos. Avergonzados. Y con una sonrisa, con la sonrisa del maestro, Martín de Riquer se dirige a ellos, sin dejar de mirarles a los ojos: “No saben lo que les envidio: van a poder disfrutar de leer por primera vez el Quijote”.

Ayer martes, 17 de septiembre, se nos fue Martín de Riquer. Se nos fue a las puertas de cumplir un siglo de vida, un siglo de varias vidas, tantas como libros escritos, tantas como caminos ha abierto para el conocimiento, para la reflexión y el conocimiento, la sabiduría. Un humanista (como recuerdo de su primer libro publicado, allá por el año 1934) que ha sabido, como nadie, iluminar la Edad Media románica. En el año 2008, se publicó su biografía, escrita por Cristina Gatell Arimont y Gloria Soler Cera: Martí de Riquer. Viure la literatura/ Martín de Riquer. Vivir la literatura (Barcelona, RBA). Y no podía haberse elegido mejor título: Martín de Riquer vivió la literatura, hizo de la literatura medieval, de la literatura cervantina un espejo de su vida. Pero Martín de Riquer también hizo vivir a la literatura. La poesía provenzal de los trovadores, la literatura catalana medieval, la literatura artúrica o el propio Quijote le deben mucha de su vigencia gracias a sus escritos, gracias a sus investigaciones, gracias a su docencia y al empeño de acercar a todos los temas que le interesaban, los autores y las obras que le iluminaban los ojos y la sonrisa.

En el artículo que Josep Massot ha escrito para La Vanguardia, recuerda una de sus anécdotas más conocidas, que le retratan como docente, como investigador, como humanista. “¿Sabe, joven? Yo no he trabajado en mi vida”. Y ante esta provocación, antes de que el alumno (porque todos somos sus alumnos) comenzara a tomar aire para intentar enumerar los cientos de libros y artículos que ha publicado en su vida, el maestro contestaba: “Yo nunca he trabajado, me he divertido. El mejor consejo que puedo dar es que busquen una manera de ganarse la vida que les divierta. Recuerdo mi primera clase en la universidad. En silencio, miré el aula y me dije: ‘Si, de aquí a tres años, no hay quien sepa la asignatura mejor que yo, habré fracasado’. Porque la misión del profesor es transmitir conocimiento, si no, no habríamos salido aún de Aristóteles. Recurrir a una tradición para no interrumpir una cadena que dura ya siglos”.

Ésta es la enseñanza que nos deja el maestro. El maestro del maestro. Éste es el reto que nos deja el maestro a todos los que somos sus alumnos, a los que han tenido el honor y el placer de asistir a sus clases, y a los miles y miles de alumnos de papel que lo somos por haber crecido leyendo sus libros, sus artículos, aprendiendo en cada una de sus palabras. Lo que nunca dejaremos de hacer. El humanista Martín de Riquer, el maestro Martín de Riquer siempre nos acompañará, siempre nos sonreirá, siempre nos retará desde las estanterías de nuestras bibliotecas, donde se encuentran sus obras, sus ensayos, sus pensamientos, su particular forma de vivir la literatura.

José Manuel Lucía Megías
Presidente de la Asociación de Cervantistas

Francisco Márquez Villanueva († 15 junio de 2013)

 

1978_mtphoto1No era infrecuente su presencia en los principales encuentros del hispanismo; de manera más acotada, la Asociación de Cervantistas –de la que formaba parte desde comienzos de los años noventa con el número 228 de socio– se honró con su presencia en varias de sus reuniones. Una lejana foto aparecida en el manchego diario Lanza testimonia su participación –con ponencia plenaria– en el primer congreso internacional de la Asociación de Cervantistas celebrado en Almagro en el verano de 1991 (25 de junio). La foto le muestra junto a Edward C. Riley, Maxime Chevalier y Juan Bautista Avalle-Arce. La nostalgia, ahora, se hace más dolorosa al comprobar que ninguno de ellos está ya entre nosotros. No se perdió el segundo congreso celebrado en Nápoles, tres años más tarde (1994), ni varios de sus coloquios: el segundo, en Alcalá de Henares (1994), y el Primer convivio locos amenos (Menorca, 1997). Creo no equivocarme si afirmo que el último en el que participó fue el XI coloquio internacional, celebrado en Seúl en noviembre de 2004, donde se hubo ocasión para el abrazo entrañable entre los decanos del hispanismo en Asia, Kim I Bae, y del cervantismo, Francisco Márquez Villanueva: simbólica imagen que vino a representar gráficamente la mayoría de edad del hispanismo coreano, que ese año cumplía sus bodas de oro.

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Otra fotografía –esta ya en color– recuerda aquel grato encuentro (20 de noviembre de 2004): en ella aparezco flanqueado por don Francisco y por Chul Park (nuestro anfitrión), y, con ellos, otros muchos amigos: Joe Ricapito, Kenji Inamoto, Gonzalo Díaz Migoyo, Carlos Mata Induráin, Santiago López Navia, Maria Augusta da Costa Vieira, Isabel Fernández, el matrimonio López Férez, Aurelio González, Jordi Aladro, Franco Quinziano, Jaime Fernández, José María Balcells, … Todo un documento para la no pequeña historia de la Asociación de Cervantistas.Fue entonces cuando tuve la oportunidad de conocerle personalmente; coincidimos después en otros lugares e intercambiamos más de una separata. Recordaré su gesto, siempre cordial, y su ademán, siempre cortés; y cómo sabía encontrar las palabras adecuadas para elogiar sin caer en la lisonja o para mostrar su discrepancia, de haberla.Don Francisco contribuyó decisivamente a iluminar esa figura tan difícil de aprehender llamada Miguel de Cervantes; pero éste también lo hizo con el profesor recientemente fallecido, quien encontró en aquel “incontables momentos felices en el acercamiento no libresco ni figurado, sino en un plano que hay que definir como inmediato y personal […] Cervantes está orgulloso de haber escrito su obra para levantar nuestros ánimos, protegernos del desaliento y del tedio, a la busca de reencender en nosotros el goce de la vida. Mi propio caso no es sino uno de los incontables en que los consiguió plenamente” (USA Cervantes, cit., p. 827).

Le echaremos mucho de menos. Descanse en paz.

José Montero Reguera

 

Isaías Lerner († 8 de enero de 2013)

 

1977_mtphoto1In memoriam Isaías Lerner, maestro ejemplar

El martes 8 de enero de 2013 murió en la ciudad de Nueva York Isaías Lerner, Profesor Distinguido de la Escuela de Graduados de la City University of New York. Lerner, así lo llamábamos sus alumnos, había nacido en Buenos Aires el 13 de marzo de 1932 en el seno de una familia judía que se había afincado en la Argentina hacia principios del siglo pasado, procedente de Rusia. En su cuidad natal cursó sus estudios de licenciatura en el Instituto Amado Alonso de Buenos Aires. La vuelta del exilio en 1955 de un selecto grupo de brillantes investigadores argentinos marcará su perfil y trayectoria académica. Con dos discípulos de Amado Alonso, Ana María Barrenechea y Marcos Morínigo, se introdujo en el estudio de Cervantes y de la épica americana. María Rosa Lida lo inició en los estudios sobre la picaresca. Ángel Rosenblat y Rafael Lapesa, le inculcaron su pasión por la lexicografía y la historia de la lengua. Y de la mano de Borges, aun a costa de postergar su licenciatura, se iniciaría simbólicamente su periplo anglosajón, abonando la práctica de “conceptos fundamentales de una teoría general de la escritura” y el gusto por la recuperación de autores que no siempre formaban parte del canon. Tan selecta formación sólo podía augurar una brillante carrera profesional que se iniciaría en la cátedra de Latín e Historia de la Lengua de la Facultad de Filosofía y Letras de la ciudad de Buenos Aires y culminaría en el Centro de Graduados de la City University of New York.Allí, a principios de los noventa empezó mi relación con Lerner. Al aterrizar en Nueva York, recién llegada de mi provinciana Zaragoza, me sorprendió que el Executive Officer del Graduate Center de CUNY no diré que me invitara a almorzar sino que me acompañara hasta la residencia de Estudiantes en la que viviría en los años sucesivos. Así era Lerner: cosmopolita pero también cercano, sensible con el miedo atroz de una recién llegada con cara de pájaro asustado, como me decía. Nunca nos explicábamos de dónde sacaba tiempo para dedicar la sobremesa a sus estudiantes, alrededor de un postre compartido y en compañía de una amena conversación sobre los temas más variopintos. Decía de sí mismo que hablaba con las piedras. Y era verdad. Era un gran conversador, dotado de un fino sentido del humor, capaz de reírse hasta de su sombra. Y si era generoso con su tiempo, se mostraba aun más liberal con el saber. Cuando a mediados de los años noventa pasó un año como visiting professor en Dartmouth College me propuso que trabajáramos en una edición del Persiles. Con todos los tropiezos imaginables de una inexperta en esas lides, yo leía la princeps y él puntuaba el texto y marcaba aquello que había que anotar en el soporte en papel. Rara vez enmendaba, y cuando lo hacía dejaba constancia en nota a pie de página con frases del tipo “en la princeps, por errata evidente de…” lo que fuera. Era respetuoso en extremo y aun escrupuloso con el texto, porque estaba convencido de que las limitaciones de comprensión provenían del lector y muy rara vez del autor. Ni siquiera se salvaron de este dictum los dichosos anacolutos, que tanto le gustaban. Su actitud hacia la lengua de Cervantes era cercana a la de un orfebre, decía Juan Diego Vila. Cincelaba cada pieza hasta conseguir que el todo armonizara a la perfección. Pero también tenía algo de detectivesco. No se rendía hasta haber agotado el rastreo de todas las posibilidades, y ahí está esa nota sobre las algarrobillas que no me dejará mentir. Creía posible entablar un diálogo entre dos épocas sin necesidad de renunciar a ninguna, reivindicando la multiplicidad de sentidos, con el propósito de recuperar, para la actualidad, la novedad que los textos tuvieron para sus primeros lectores. Sentía autentica fascinación ante la posibilidad de comprender las coordenadas en las que se gestó la lengua en una época. Y esta fascinación la contagiaba. Te dejabas seducir por sus apacibles lecciones sin oponer resistencia. Aquella experiencia intelectual se convirtió en un peregrinaje a la biblioteca de Dartmouth. Y en una de tantas idas y venidas descubrió, como en los cuentos de Borges, que en la torre de la biblioteca había miles de librillos de pequeño tamaño. Muy suelto de prejuicios les sacudió, literalmente, el polvo y fue descubriendo, con suma paciencia, una inmensa colección de obras de teatro españolas, desconocida y sin catalogar (unas quince mil, de la segunda mitad del siglo XIX y de la primera del XX). Sólo a un olfato entrenado en buscar entre los tomos de la Patrología Latina, como era el de Lerner, se le podía ocurrir curiosear en aquella sala cubierta por el polvo del olvido, y sacar a la luz lo que ocultaban las mugrosas tapas de aquellos librillos. La colección sigue ahí aunque algo más desempolvada.Su pasión eran los libros. Era cierto. Pero el libro que mejor supo leer fue el de la vida. Cuando estaba a punto de terminar mi tesis sobre el Persiles me abordó una mañana por el pasillo de la Universidad y me espetó que me buscara otro director. Le acababan de diagnosticar un cáncer de páncreas. Pero peleó y ganó la batalla como él sabía hacerlo: con valentía y paciencia ante la adversidad. Peleó con la misma firmeza y decisión que defendió la excelencia de un Programa Graduado que rescató de la mediocridad, y que él elevó al nivel de las universidades de elite. Durante los años de su etapa como Executive Officer del Graduate Center por allí desfiló lo mejor de la academia internacional y de la creación literaria. Muchos fuimos los que nos beneficiamos de esta labor cultural cuya amplitud de miras iba más allá de la rutina de las aulas, porque a Lerner el salón de clase se le quedaba pequeño. Esta misma amplitud de miras rige su trayectoria de investigador infatigable. Su curriculum responde a una pluralidad de inquietudes intelectuales cuyo hilo conductor es trazar puentes entre el presente y el pasado, España y América o la alta y la baja cultura, bajo la atenta mirada de una obsesiva perfección, no exenta de cierta modestia. Si no fuera por su inclinación cosmopolita se diría que concibe la obra a modo de la Edad Media, como una obra abierta, en la que cada revisión la perfecciona. Por eso vuelve una y otra vez sobre sus pulcras y cuidadas ediciones a sabiendas de que no son definitivas y que sólo la constante revisión las autoriza. Su polifacética personalidad acogía tanto el elitismo como la defensa sin concesiones del derecho a la educación de calidad para todos, incluidos los más desfavorecidos, convicción que llevó a la práctica sin tregua. Y de la misma forma su magisterio no se conformó con la faceta de profesor competente o de investigador brillante. Guiaba a sus alumnos. Les enseñaba, como el maestro artesano, a aprender bien el oficio, ocupándose de lo divino pero también de lo humano.No pretendo con esta nota señalar sus méritos académicos y profesionales, que son muchos y sobradamente conocidos. Tan sólo he querido expresar mi profunda gratitud a un ser humano excepcional a quien tuve la suerte de conocer para rendir un modesto homenaje a su memoria, y con quien tengo una inmensa deuda. El último postre que quise compartir con él, unos mazapanes de soto, no llegó a tiempo. La muerte fue más diligente que las perezosas sacas de correos. Murió acompañado de Lía y de Bettina. “Dio el alma a quien se la dio/(…) que, aunque la vida perdió,/ dejónos harto consuelo su memoria”. Vaya para ellas todo mi cariño y el agradecimiento debido al maestro ejemplar.

Isabel Lozano Renieblas, Dartmouth College

 

Arne Warren († 16 de diciembre de 2011)

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ARNE WORREN: SU BRILLANTE TRADUCCIÓN DE EL QUIJOTE DE REFERENCIA EN NORUEGO.Arne Worren murió en Oslo el 16 de diciembre de 2011. Arne Worren deja la traducción de referencia al noruego de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha (I Vl., 1605 y II VI., 1616) escrito por Miguel de Cervantes (1547-1616). Esta obra, que ya había sido traducida al noruego en 1916, fue nuevamente traducida a esta lengua por este sobresaliente hispanista. La traducción de Arne Worren apareció por primera vez en el año 2002. Y, para del cuarto centenario de la publicación de la primera parte de esta obra universal, en 2005, apareció con una introducción de Ben Okri. Por esta traducción, en 2003 recibió el prestigioso premio noruego Bastian y también el premio de la Academia Noruega.Arne Worren nació en 1924 en Ålesund. Inició su carrera en el mundo de las artes ylas letras como empresario de una compañía teatral regional en Rogoland durante cinco años. Hacia finales de los 50 fue contratado por el mismo colegio donde había hecho sus estudios superiores en Volda, Volda offentledge landsgymnas (Volda public junior collage). Experiencias diversas que le permitieron tener una visión amplia de los comportamientos e intereses humanos.Defendió su tesis sobre Góngora en 1974. Posteriormente ingresó en la Univerisdad de Oslo en el Departamento de Lenguas Europeas de esta Universidad, donde fue Jefe de Departamento durante algún tiempo. Su actividad docente en la citada Universidad duró hasta el año 1994, año en que obtuvo su jubilación.En la Universidad de Oslo fue miembro del club llamado “Grupo del Barroco”. Y, como podemos ver, varios artículos y prólogos confirman su interés en el tema del Barroco tanto respecto a la literatura del Siglo de Oro como respecto al Barroco europeo. Así, encontramos en sus trabajos el prólogo a la edición noruega de La vida es sueño de Calderón de la Barca (2000), la introducción a la edición noruega de El caballero de Olmedo de Lope de Vega (2001), el artículo Muerte y fecundidad en la Fábula de Polifemo y Galatea de Góngora, publicado en Orbis Litterarum Volumen 32, Número 1 (1977), y el artículo El Barroco y el Neo-Barroco, cuyo texto he localizado pero no su fecha de publicación. Además del libro sobre Góngora, Luís de Góngora diktning: Ironi og ensomhet (1974), que debe posiblemente corresponder a su tesis. Su pasión de hispanista por el Siglo de Oro le llevó a realizar un registro de las antiguas bibliotecas nobles noruegas en busca de ediciones de los más destacados autores de este período. Un esfuerzo de investigación en el que pudo comprobar la extensión que adquirió el castellano como idioma franco en la Europa del XVII.Arne Worren fue también miembro de la Asociación Noruega de los Traductores de Literatura. Por sus publicaciones, podemos observar la diversidad de las etapas culturales de la literatura española que conocía y que llegó a traducir al noruego: El informe del peregrino de Ignacio de Loyola (1993), Rinconete y Cortadillo de Miguel de Cervantes (1991), Novelas ejemplares de Miguel de Cervantes -donde se publica la traducción de cuatro textos únicamente cuyos títulos no he podido localizar- (2003), la novela Mañana en la batalla piensa en mí de Javier Marías (1998), la novela Donde las mujeres son de Álvaro Pombo (1998), La Regenta de Leopoldo Alas Clarín traducida entre 1995 y 1997, así como una antología del relato breve hispano desde el siglo XIV a nuestros días en Spania forteller: spanske noveller (1999). También como editor recoge una selección de textos críticos de varios autores sobre literatura hispanoamericana en Oligarquías canto del cisne: artículos sobre novelas latinoamericanas (1988).El rico y diverso bagaje de intereses de Arne Worren comprendía la pasión por la arquitectura barroca, los viajes, y la música, junto al placer de degustar un buen vino en una selecta comida. A todo ello unía unas dotes inigualables como conversador. Era un mágico narrador de una elegida variedad de temas en los que destacaba tanto su erudición como su fina observación de la naturaleza humana. Entre ellos los relatos, como conocedor de primera mano, de las costumbres y las tradiciones noruegas. Nunca prolijo y siempre acertado hacia los intereses de aquellos que tuvieron el privilegio de su compañía. Su proceder correspondía al epítome de un hombre civilizado amante de la cultura y del trato humano. Compartir con él unas horas siempre fue un enriquecimiento perdurable. Este esbozo de sus rasgos personales atestigua el valor humanista y el calado filológico que impregnan la elaboración y la finura expresiva de su gran logro, la traducción de la obra universal El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha.Por otra parte el talante observador y curioso de Arne Worren le llevó a desarrollar su pasión por los viajes. Entre los cuales destacan aquellos que completaban su propósito de perfilar constantemente su conocimiento de la cultura barroca, de sus obras, de sus aspiraciones y de sus proyectos humanistas. Como conocedor de casi todas las lenguas europeas era para Arne Worren un placer recorrer las ciudades del continente en busca de arquitectura barroca, explorando más allá de los comunes valores establecidos. El diminuto patio del palacio de Nicodemus Tessin en Estocolmo; o el palacio de Castle Howard y el palacio de Seaton-Delaval de Jhon Vanbrugh en Inglaterra; los espectaculares palacios o iglesias de Guarino Guarini en Turín; o los palacios, bibliotecas e iglesias del rococó del sur de Alemania, eran elementos que enriquecían paso a paso su ahondar en la percepción acerca el significado de la cultura barroca europea.La presencia anual de Arne Worren en Barcelona, donde frecuentaba la tertulia de Alberto Blecua, y su dilatado conocimiento de la geografía de la península, de sus ciudades, de sus iglesias y palacios, y también de su cocina y restaurantes constituían una prolongación existencial de su vida. Y lo hacían vivir día a día la lengua y la cultura, dentro de las diferencias de costumbres, gastronomías y lenguas del territorio donde surgieron los textos referenciales del Siglo de Oro. Su fineza intelectual y sensitiva le permitió comprenderlos hondamente y darlos a conocer en su lengua materna.

Mario Lucarda

Jaime Moll († 20 de octubre de 2011)

 

1878_mtphoto1Queridos socios de la Asociación de Cervantistas:Con pesar os trasmito la triste noticia del fallecimiento, el pasado día 20 de octubre, de Jaime Moll, catedrático de bibliografía en la Universidad Complutense de Madrid y socio fundador de nuestra Asociación. Con él desaparece el mayor experto en el libro español de los siglos áureos, al tiempo que un socio ejemplar que hizo de la discreción una de sus virtudes características. Aunque el cervantismo no era uno unos de campos de investigación fundamentales, a Cervantes y sus obras dedicó algún trabajo ejemplar, como el recogido en su volumen De la imprenta al lector (1994), sobre la recepción del Quijote  en el siglo XVII, o los que dedicó a la imprenta de Juan de la Cuesta incluidos en los monográficos del Boletín de la Real Academia Española y Voz y Letra de 2005. Desde la Asociación de Cervantistas queremos transmitir nuestro hondo pesar a su familia y allegados.
Descanse en paz.José Montero Reguera
Presidente de la Asociación de Cervantistas

 

Helena Percas Ponseti († 1 de enero de 2011)

 

1848_mtphoto1Con tristeza os comunico el fallecimiento, el pasado 1 de enero, de Helena Percas de Ponseti, como resultado de complicaciones causadas por una embolia. Helena era miembro fundadora de nuestra asociación, investigadora incansable y amiga entrañable. A sus noventa años no había perdido la vitalidad y la curiosidad intelectual que le caracterizaba. La creación de la AC se debe en gran parte a sus consejos y a su amistad con José María Casasayas. Será recordada siempre por todos los que tuvimos la ventura de conocerla personalmente, y por los que sólo le conocieron por sus trabajos, como una profesora generosa y ejemplar. En estos momentos de duelo y tristeza, hacemos llegar a su familia nuestra más profunda condolencia.

 

Anthony Close († 17 de septiembre de 2010)

 

1688_mtphoto1Queridos colegas de la Asociación de Cervantistas:Con gran pesar os comunico el fallecimiento, el pasado día 17 de septiembre, de Anthony Close. El cervantismo queda huérfano de una de sus personalidades más destacadas: un ejemplar investigador, un caballero discreto, un amigo de verdad. Muchas horas, esfuerzos, consejos e ideas dedicó a esta Asociación de Cervantistas a la que se incorporó hace ya muchos años; hoy le recordamos con la tristeza de su ausencia, con la alegría haberle conocido. Formó parte de su junta directiva durante dos legislaturas, desde 2004 a 2009. Trasladamos a su familia nuestro sentir más sincero en estos momentos de duelo.Descanse en paz.

José Montero Reguera

Presidente de la Asociación de Cervantistas

 

Juan Bautista Avalle-Arce, 1923-2009

1691_mtphoto1La benemérita bibliografía quijotesca de Jaime Fernández registra como primera entrada de Juan Bautista Avalle Arce el artículo publicado en el número inicial de la Nueva Revista de Filología Hispánica con el título “Tres notas al Quijote” (I, 1947, pp. 193-198). Dos páginas más adelante, se cierra la lista de sus trabajos con el que apareció en 2007 en las Actas del congreso Cervantes, el Quijote y Andalucía, ahora sobre “Los amantes de Sierra Morena”. Entre uno y otro discurren sesenta años de intensa dedicación a los estudios sobre Cervantes que encuentran en Avalle Arce uno de los mejores exponentes en la segunda mitad del siglo XX.De su mano hemos leído a Cervantes, pues a él se deben algunas de las ediciones cervantinas de mayor uso en el último tercio del siglo XX: la Galatea (1961, Clásicos Castellanos, reeditada en los años noventa); el Quijote (Alhambra, 1979), pero, sobre todo, Los trabajos de Persiles y Sigismunda (1969) y las Novelas ejemplares (1982), ambas en Castalia. Sólo le quedaron por editar las comedias cervantinas y el Viaje del Parnaso (con las poesías sueltas), pues sí lo hizo con los entremeses (Prentice Hall, 1970).Asimismo, hemos aprendido a leer e interpretar a Cervantes a través de trabajos de detalle, sí, como el mencionado al comienzo de estas líneas, pero también a través de monografías de más vuelo como Don Quijote como forma de vida (1978) y Deslindes cervantinos (1961), luego ampliados en 1976 bajo el título Nuevos deslindes cervantinos, con apartados hoy ya clásicos: El cuento de los dos amigos, Tres comienzos de novela… También le corresponden a él la coordinación de dos manuales de uso imprescindible: la Suma cervantina (con E. C. Riley, 1973), que cuenta, además, con tres capítulos propios (los dedicados al Quijote –junto con el otro editor–, al Persiles y el titulado “Atribuciones y supercherías”); y el apartado “Cervantes y el Quijote” de la Historia y crítica de la literatura española española (1980), con el primer (y único) suplemento de 1991. Nada de Cervantes escapaba a su buen hacer y su vasto conocimiento del escritor alcalaíno explica la publicación en 1997 de una Enciclopedia Cervantina, concebida como “un instrumento de trabajo que sirviese al lector de referencia general a la obra cervantina para satisfacer una curiosidad o duda, pasajera o permanente, ya fuese provocada por el tamaño o dimensiones de esa producción literaria inigualada, por su entorno artístico, histórico ideológico, o bien por la proyección de algo de todo esto hacia los tiempos nuestros. Pero mi trabajo no fue enteramente altruista: siempre ambicioné tener al alcance de la mano alguna obra que me ayudase a solucionar los innumerables problemas que me han surgido en el desempeño de mi ya larga tarea cervantina”.Pero su acercamiento a Cervantes no se concebía como algo exento del devenir histórico-literario hispánico y occidental, sino como una parte importante de aquel; esto ayuda a entender su último libro, Las novelas y sus narradores (Alcalá de henares: Centro de Estudios Cervantinos, 2006 ) cuyos capítulos centrales (el seis y el siete de doce que tiene) se dedican a Cervantes, pero no se explican cabalmente sin los anteriores que estudian las formas que el narrador se hace presenta en los relatos, y los posteriores se proyectan sobre otros autores y textos: Lope de Vega, Valera, Galdós, Borges… Y ayuda a entender su obra hispanística, en la que se acercó a todas las épocas de nuestra historia literaria: Temas hispánicos medievales (1975), Dintorno de una época dorada (1978), La novela pastoril española (1974), Amadís de Gaula: el primitivo y el de Montalvo (1990), Lecturas: del temprano renacimiento a Valle Inclán (1988); ediciones de Lope de Vega, Garci Rodríguez de Montalvo, Juan Valera… Capítulo no menor es el dedicado a la literatura sobre la conquista de América: La épica colonial (2000), ediciones de obras de Gonzalo Fernández de Oviedo, etc.; como también su labor en pro de los estudios vascosDiscípulo de Amado Alonso y Raimundo Lida, Catedrático en varias universidades americanas –se jubiló en la de California, Santa Bárbara, en 2003– Juan Bautista Avalle Arce fue, en la autodefinición de Santiago Montero Díaz, otro verdadero “especialista en la totalidad” que nos ha legado una  obra hercúlea gracias a la cual se han podido iluminar textos y autores principales de nuestra literatura. En este momento del adiós quiero recordar al profesor dedicado, al sabio desaparecido, al investigador que recorrió caminos hasta entonces no transitados, al hispanista militante. Scripta manent.

José Montero Reguera

Universidad de Vigo

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